jueves, 3 de diciembre de 2009

11.EL SITIO DE SIRACUSA

Marcelo intento obtener algún resultado francamente positivo. En 214 antes de Cristo, por orden del Senado, se dirigió a Sicilia para reconquistar Siracusa y adueñarse por completo de la rica isla, puente entre Europa y Africa, iniciativa que convirtió de nuevo a Sicilia en el teatro más importante de operaciones.La ciudad opuso una tenaz resistencia gracias a las maquinas de guerra que había construido Arquímedes. A Siracusa, que desafiara en otros tiempos a la orgullosa marina de los atenienses y rechazara en muchas ocasiones a las fuerzas cartaginesas, tampoco esta vez fue posible tomarla por asalto. Después de un sitio de ocho meses, Marcelo tuvo que limitarse a bloquearla. Según la tradición, Arquímedes incendiaba desde tierra firme los navíos romanos surtos enfrente, reflejando los rayos solares en grandes espejos cóncavos.
Sólo al cabo de tres años, y con ayuda de traidores, pudo Marcelo apoderarse de Siracusa. En castigo por su terquedad, dejóla a merced de los soldados; y en el saqueo perecieron muchas personas, Arquímedes entre ellas. Se dice que un soldado romano que penetró en el jardín del sabio, lo encontró sumido en el estudio de unas figuras geométricas trazadas en la arena. Tan absorto esta Arquímedes en sus estudios, que ni siquiera advertía lo que pasaba en
torno suyo. "Ni pises las figuras", dijo al legionario, y éste, que ignoraba quién era, lo atravesó con su espada.Así perecieron uno de los más grandes genios de la humanidad y una de las más altivas ciudades helenas. Nunca más volvería Siracusa a recobrar su pasada grandeza.
"Hannibal ad postas!!Cuando la caída de Siracusa era inminente, los romanos llevaron a cabo otra gran operación: la conquista de Capua. Aníbal, que acudió en socorro de la ciudad, nada pudo contra las fuertes trincheras de los asediantes. Entonces ideo un medio para que los romanos las abandonaran.un ida dejo de combatir ante Capua y se dirigió contra Roma. Creyó que sin duda, las tropas romanas le seguirían, pues era de esperar que preferirían salvar su
capital. Roma quedo sobrecogida cuando supo la llegada del cartaginés. "No solo se oía gemir a las mujeres en sus casas, sino que también surgían matronas de todas partes para acudir a los templos", describe Tito Livio. Los romanos no olvidaron jamas aquellas horas de zozobra. las generaciones posteriores temblaban aun al recordar el ida en que por todas partes se oyó aquel terrible grito: Hannibal ad portas! (Aníbal, a las puertas de la ciudad).En realidad, el peligro no era tan grande como creían los romanos. Aníbal no tenia la menor intención de atacar a Roma, demasiado bien protegida por sus murallas. Su único objetivo era atraer a las tropas de Capua fuera de sus posiciones. Pero su astucia no le valió. Las legiones no se dejaron engañar: el sitio de Capua continuo; solo se envío un pequeño destacamento hacia Roma. La suerte de Capua estaba echada. Al ver que Aníbal se retiraba y los romanos mantenían el cerco, la población desespero. Veintiocho miembros del consejo se reunieron para celebrar un festín y después bebieron una copa de veneno; los demás se rindieron sin condiciones.
Capua pago muy cara la defección. El jefe romano reunió en la plaza publica a cincuenta notables, los hizo azotar y después decapitar; los demás fueron encarcelados. En cuanto a la población, en su mayor parte fue sometida a
esclavitud. Corría el año 211. los romanos se comportaron así con Capua, no solo por su traición a la causa de Roma y por haber matado a los romanos allí residentes, sino también para acabar con la rivalidad que, desde tiempo atrás, existía entre las dos mayores ciudades de Italia.Con la reconquista de Siracusa y Capua, los romanos arrebataron a Aníbal todo lo ganado en la batalla de Cannas. La caída de Capua cambio el curso de la guerra, aunque más tarde, en cierto momentos, pareciese que los romanos la habían perdido. La suerte trágica de Capua no solo significaba para Aníbal la perdida de la Compañia, sino ,lo que fue mas grave, la de su prestigio ante sus aliados itálicos. Uno tras otro, reintegraronse a la protección romana.Al fin, Aníbal dominó solo la extremidad sudoeste de la península digamos, la punta de la bota.